Meditación de la Palabra de Hoy * Julio 3, 2008

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Meditación de la Palabra de Hoy * Julio 3, 2008

Mensaje por Gladys el Vie Jul 04, 2008 2:05 am

study

jueves, julio 3, 2008

Meditacion

Juan 20,24-29
Santo Tomás, Apóstol

Muchos somos injustos con Santo Tomás, cuya fiesta celebramos hoy. Lo primero que generalmente asociamos con su nombre es “la duda”, pasando por alto el hecho de que el Evangelio también dice que Tomás llegó a creer plenamente en Jesús como Señor y Dios.

Cuando los demás discípulos le dijeron a Tomás que habían visto al Señor (Juan 20,25), esta afirmación revelaba que ellos habían recibido el don de la fe, un conocimiento seguro del señorío de Jesús. Tomás también quería “ver” a Jesús y, mediante esa evidencia visual, creer en Él. De lo que Tomás no se dio cuenta fue que los otros hablaban no sólo de percibir al Jesús físico, sino de una “visión” interior que les daba a reconocer su verdadera identidad. Cuando más tarde Jesús se le apareció, el Señor le reprochó a Tomás por no haber creído el testimonio de los demás discípulos, para bendecir luego a todos los que, sin haberlo visto físicamente, llegan a tener una fe como la de los otros discípulos.

Cuando Santo Tomás vio al Señor, aparentemente no le tocó las heridas; sino que sólo exclamó “¡Mi Señor y mi Dios!” (Juan 20,28). Esta exclamación surgió no sólo de la vivencia de ver a Jesús en la carne, sino de una revelación interior de la divinidad de Cristo por el Espíritu Santo. Tomás quería ver a Jesús con sus propios ojos, y sin duda lo hizo. Pero también recibió un don mucho más grande: la revelación interna del Espíritu Santo de que Jesús es el Señor y es Dios. Santo Tomás sólo buscaba una evidencia palpable de la resurrección de Jesús; ahora, se le daba algo mucho más valioso y de importancia eterna.

El Evangelio de San Juan nos alienta a tener una fe en Cristo como la de Santo Tomás, no basada en evidencias puramente físicas, sino en el testimonio interior del Espíritu. Del mismo modo, el autor de la carta a los Hebreos dice que hemos de ver a Jesús no sólo en su ministerio terrenal, sino también en el ámbito celestial: “Pero vemos que Jesús, a quien Dios hizo algo menor que los ángeles por un poco de tiempo, está coronado de gloria y honor” (Hebreos 2,9). Sólo los ojos de la fe pueden contemplar la gloria de Cristo y esa es la fe que pone la salvación a nuestro alcance.

“Padre celestial, envía tu Espíritu sobre nosotros para que nos revele más profundamente las verdades de Jesús. Deseamos unir nuestra voz a la de Santo Tomás y de todos los santos del cielo cuando alaban a Jesús a una voz diciendo, ¡Señor mío y Dios mío!”

Efesios 2,19-22 Salmo 117,1-2
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